Friday, November 26, 2010

Amor no es Más que Arrojar Pasteles de Fresa por la Ventana.

Estoy leyendo un libro increíble. Creo que es lo único bueno que rescato de mis clases de Panorama de la Literatura I de la Universidad. 
Por algún motivo, lo leo muy lento. Como si no quisiera terminarlo demasiado pronto. No quisiera todavía despegarme de ésta sensación de que no estoy completamente sola en medio del pasto alto y claro.
A continuación les dejo una de mis pasajes favoritos hasta ahora. Hace dos días se lo leí a Novio muy contenta. Ayer, finalmente. tuvimos una discusón muy grande y quizás ya no volvamos a ser.

 —No es sólo culpa mía. Me refiero a que yo sea tan poco afectuosa. Y lo reconozco. Pero si ellos..., si mi padre y mi madre..., si ellos me hubiesen querido un poco más, yo, por mi parte, ahora sentiría de otra forma. Y estaría mucho, pero que mucho más triste.
—¿Crees que no te quisieron demasiado?
Ella volvió la cabeza y me miró fijamente. Hizo un gesto afirmativo.
—Yo diría que entre un «no lo suficiente» y un «nada de nada». Siempre estuve hambrienta. Aunque sólo hubiera sido una vez, hubiera querido recibir amor a raudales. Hasta hartarme. Hasta poder decir: «Ya basta. Estoy llena. No puedo más». Me hubiera conformado con una vez. Pero ellos jamás me dieron cariño. Si me acercaba con ganas de mimos, mis padres me apartaban de un empujón. «Esto cuesta dinero», decían. Únicamente sabían quejarse. Siempre igual. Así que pensé lo siguiente: «Conoceré a alguien que me quiera con toda su alma los trescientos sesenta y cinco días del año». Estaba en quinto o sexto curso de primaria cuando lo decidí.
—¡Qué fuerte! —exclamé admirado—¿Y lo has conseguido?
—No es tan fácil como creía —reconoció Midori. Reflexionó un momento contemplando el humo—Quizá sea por haber esperado tanto tiempo, pero ahora busco la perfección. Por eso es tan difícil.
—¿Un amor perfecto?
—¡No, hombre! No pido tanto. Lo que quiero es simple egoísmo. Un egoísmo perfecto. Por ejemplo: te digo que quiero un pastel de fresa, y entonces tú lo dejas todo y vas a comprármelo. Vuelves jadeando y me lo ofreces. «Toma, Midori. Tu pastel de fresa», me dices. Y te suelto: «¡Ya se me han quitado las ganas de comérmelo!». Y lo arrojo por la ventana. Eso es lo que yo quiero.
—No creo que eso sea el amor —le dije con semblante atónito.
—Sí tiene que ver. Pero tú no lo sabes. —replicó Midori—Para las chicas, a veces esto tiene una gran importancia.
—¿Arrojar pasteles de fresa por la ventana?
—Sí. Y yo quiero que mi novio me diga lo siguiente: «Ha sido culpa mía. Tendría que haber supuesto que se te quitarían las ganas de comer pastel de fresa. Soy un estúpido, un insensible. Iré a comprarte otra cosa para que me perdones. ¿Qué te apetece? ¿Mousse de chocolate? ¿Tarta de queso?».
—¿Y qué sucedería a continuación?
—Pues que yo a una persona que hiciera esto por mí la querría mucho.
—A mí me parece un desatino.
—Yo creo que el amor es eso. Pero nadie me comprende. —Midori sacudió la cabeza sobre mi hombro— Para un cierto tipo de personas el amor surge con un pequeño detalle. Y, si no, no surge.


'Tokio Blues', Haruki Murakami. 

Wednesday, October 20, 2010

Huelgas Inmorales.

La ciudad apesta más que nunca.

Ayer vi por primerísima vez en mi vida una rata. Debo admitir que estaba muerta, lo cual le quita bastante interés a la anécdota. Pero la vi. Estaba a solo unos metros de la Facu, y hubiera querido no verla, pero cuando mi compañero dijo con el índice al aire "¡Una rata muerta!" mis ojos instintivamente la enfocaron. Horrible.

Me hizo acordar a aquel hámster marrón que me regalaron y que siempre detesté. Recordé cómo me mordía, y que olor insoportable emanaba, qué difícil se me hacía dormir con el ruido de sus patitas en la rueda sobre la que jugaba. Recordé como murió y como escondí mi maliciosa felicidad.

Me pregunto cómo todavía hoy hay gente que no se enteró de la huelga de vehículos recolectores de basura. ¿Cómo no advertir las enormes pilas de bolsas negras en cada esquina? ¿Cómo evitar sentir el repugnante odor que se cuela en cada respiro? Por favor, díganme su secreto.

Yo, por lo pronto, estoy más limpia que nunca. Ordené toda mi casa y la limpié, y así la estoy manteniendo, para contrastar un poco con el ambiente exterior. Usé mucho CIF crema (que es realmente asombroso a mi parecer) (no, no me pagan por el chivo) (si algún encargado de marketing de CIF esta leyendo esto, acepto cheques y efectivo), un trapito que solía ser amarillo, escoba, y, entre otros utensilios propios de limpieza, unas 200 bolsitas plásticas.

A propósito de las bolsitas plásticas: Padre siempre hincha con la ecología y bla bla blá. Por eso me regaló una "bolsa ecológica" de las que venden en Disco e insiste en que la utilice para todas mis compras. Así lo hice durante un tiempo, hasta que me encontré gastando más dinero del usual ya que tuve que empezar a comprar bolsas de basura por el déficit bolsitaplatical que se produjo en casa. Estas bolsas para residuos son en tamaño superiores a las que te llevás del supermercado cuando hacés las compras. Pero como vivo (cuasi) sola, y como mi tacho de basura es pequeño, las bolsas las terminaba usando hasta la mitad, para luego tirarlas. Claramente, las bolsas que compró Padre son base de una paradoja ecológica y financiera en la que me vi enroscada, hasta que decidí volver a usar las pequeñas bolsitas blancas anti-medioambiente que te dan en el supermercado.

En fin, hoy a la mañana, en una esquina lejana, me pareció divisar un camión recolector, asique tengo esperanzas. Just in case, keep your fingers crossed.

Wednesday, September 15, 2010

Deleuze y el Blog Blanco.

Estoy tomando un café instantáneo bastante feo (pero que adquirí a un precio que podría ser considerado razonable) e intentado terminar el Capítulo 4 de "La Imagen-Movimiento". Pero ésta tarea se me hace imposible. No sé si realmente Gilles será tan tedioso en su escritura como en éste momento sospecho, o si simplemente es mi falta de ganas y de voluntad.
Como todas las veces anteriores en que me encontré corta de ganas y voluntad para hacer los trabajos, me tropiezo 'inocentemente' con millones de actividades mucho más interesantes (que podría llevar a cabo en cualquier otro momento, por ejemplo en algún momento que no sea unas nueve horas antes de la entrega oral de dicho trabajo). Desde hace unas horas, por ejemplo, fue imprescindible para mi una serie de diligencias de naturaleza no-urgente en su totalidad que pasaré a numerar en orden cronológico:
Primero entré a facebook porque una amiga me dijo que me había dejado un mensaje privado, lo cuál admito fue bastante estúpido ya que ésta amiga me dió esa información por messenger, y de la misma forma podría sin más haber copiado su mensaje de la misma manera (cosa que no le pedí, porque me pareció muy apropiado un super-mini-recreo mientras leía el mensaje). Una vez leído éste, se me ocurrió pensar en aquella amiga que tenemos en común y cuya hermana hace unos meses dio a luz a una bebita de la que jamás había visto fotos. En consecuencia, entré a su perfil de facebook y me dispuse a mirar las cuarenta y pico de fotos que tenía de su sobrinita, una por una (incluso cuando la mayoría eran del mismo día y la beba estaba en casi la misma pose, lo que hizo la tarea de terminar el album un poco redundante). Más tarde entré a mi propio perfil y me dije a mi misma que hacía un tiempo que había querido cambiar el color de mi blogspot para que fuera blanco, idea que surgió hace ya unas semanas mientras miraba mi perfil blanco (como todos aunque algunos grupos digan lo contrario) de facebook. Pero para el momento en que había hecho click en la pestaña de Diseño del blogspot, este monstruo anti-estudios se había apoderado de mi por completo, y no contenta con el mínimo cambio a color blanco, decidí cambiar toda la estética del blog. Por algún motivo recordé que se me ocurrió alguna vez cambiar el "n comentarios" por "n opiniones", y cuando lo logré recordé también que quería cambiar el iconito del blogspot por un corazoncito, y ¿por qué no de paso cambiar ese título por otro?, y así otros detalles que nunca jamás nadie advertirá, pero que en el momento se me hicieron irrevocablemente necesarios.
Por supuesto, una vez terminadas mis peripecias virtuales, y mirando lo lindo que había quedado (en mi subjetiva opinión) el blog, me pareció casi una falta de respeto no honrar tanto trabajo con una entrada.
Esta actitud de mi parte me desespera, porque no solo no tengo timepo para estudiar, sino que tampoco voy a tener tiempo de cenar, ni ducharme, ni dormir. Y aún más desesperante es saber que hago todo esto conscientemente, conozco todos los contras que mis acciones acarrean, todos los 'castigos', y sin embargo, sigo acá a la 1:19 de la mañana escribiendo estupideces en un blog que probablemente ya nadie recuerde. Y pensando para mí misma que, de ahora en adelante, voy a dedircarle más tiempo al estudio, que no volveré a hacer un trabajo la noche antes de su entrega.
Y sí, las promesas que más rompemos, son las que nos hacemos a nosotros mismos.

Friday, March 19, 2010

Para Todos, Para Nadie.


A veces me canso de tanta Historia. Me gustaría ser más libre. Poder mandar todo a la mierda cuando así lo sienta, sin autojuzgarme, sin revivir todo en mi cabeza y preguntarme ¿Te parece?

Es horrible el miedo de perder a alguien. Crea una dependencia. L.F. así lo dijo, y aunque en el momento lo negué, es real: dependencia amorosa. A mis ojos, la misma no fortalece una relación, sino que la debilita. Me refiero, en un ejemplo exagerado, a que si me obligo a mantener algo sólo por su pasado, sólo por el miedo de morir sin ese algo, no estoy manteniéndolo por deseo a la cosa misma. No amo su presencia, más bien temo su ausencia. Y ojo, que no es lo mismo.

No voy a negar una cosa: definitivamente no soy la mejor en cuestiones humanas. Suelo enojarme bastante, y gritar. Y sufro, sufro mucho. Es decir, soy sensible. Una frase, una mirada, un dejo de indiferencia ya me remontan a todas las catástrofes sentimentales pasadas. Pero, ¿Acaso es mi culpa amar con locura? El Amor es mi pasión, el motor de mi vida. Sin Amor no existe nada, sin Amor no existo YO. Y puede que, equivocada, espere igual retribución.

Aclaro: no espero un personaje de Shakespeare, alguien que se desviva por mi presencia. O quizás sí... Pero lo que busco es quien me comprenda. Si mi reacción ante un hecho es llorar, no me preguntes por qué te hago eso. No te estoy haciendo nada a vos, soy yo. Soy así, siempre lo fui. Me cuesta respirar. En el momento creo que voy a morir. Y después se me pasa, porque como una sabia amiga del pasado lleva tatuado en la espalda, “Todo Pasa”.

No me alejes, no me veas como una loca depresiva. ¿Sabés qué? También los momentos felices los vivo con extrema intensidad.

Estoy segura de que nadie, o casi nadie, disfruta tanto de cosas tan pequeñas como yo. Reírme sola, encontrar un pensamiento justo. Todo me maravilla, las personas, lo que veo a través de mi ventana. Soy feliz arriba del colectivo mientras escucho mi canción preferida del momento con esos auriculares que le robé a Madre. Soy feliz mirando fotos, recreando momentos en mi cabeza e inventando otros tantos. Soy feliz con una llamada, con un mensaje. Con una amiga que me incluye en un plan. Soy feliz con tu ‘Hola’. El más pequeño signo me aleja de la soledad.

Tengo docenas de defectos, pero quiero decir esto: Cuando Amo, Amo de verdad. Y nadie jamás podrá Amar más que yo. Quizás mejor, pero nunca más.

Por eso y sólo por eso, apreciame cada día. Aprovechame. Tenéme en cuenta y pensá en mí, y dejámelo saber. Porque puedo asegurarte que como te aprecio yo, como pienso en vos, nadie más lo hizo ni lo hará.

Hablemos por horas de incoherencias, leé las estupideces que escribo. Porque en esas actividades carentes de sentido, está lo más puro de mí. Porque no me vas a conocer hasta no insistirme y convencerme de leer lo que escribía durante mis ataques. Porque cuando hasta el teléfono se está quedando dormido, digo cosas muy sinceras y te revelo, para vos, novedades.

Si no podés soportarlo, si soy demasiado loca para vos, no trates de cambiarme. Dejame, alejate. Y no te preocupes por lo que queda de mí atrás.

Por más débil que te parezca, hasta hoy sobreviví todas mis muertes.

Monday, November 23, 2009

Esas (Odiosas) Etiquetas Jerárquicas Escolares.


Como suelo escribir de la experiencia propia y a mi vida no le pasa naranja, quisiera un espacio para hacer pública una queja. Sé que no es lo más alentador, sé que todos estamos cansados de escuchar y leer quejas. Sé que peco de molesta e inoriginal. Pero la realidad es que, quiera o no, quejarme es única y exactamente lo que me surge en éste momento.

Voy a quejarme de las pendejadas. De toda esa gente que aparentemente dejó de crecer en tercer grado, y por lo tanto sigue con la misma mentalidad naif y peleadora.

En realidad, y permítanme romper el tradicional orden cronológico comenzando por los hechos más recientes, todo esto que me venía dando vueltas en la cabeza terminó de concretarse ayer. Voy a comentar, para un mayor entendimiento por parte del lector, que desde hace un tiempo estoy trabajando nueve horas por día (con excepcionales momentos de distracción como, por ejemplo, este mismo), lo cual provoca que llegue a casa totalmente exprimida de energías. Así es, me sacan hasta la última gota. En consecuencia, no puedo hacer mucho más que tirarme a la cama, y para evitar pensar (que es lo que inconscientemente me surge en momentos de soledad y silencio) y seguir usando el cerebro, me pongo a ver películas o series. Conste que no tengo televisor en casa, lo que conlleva a la repetición periódica de dichas distracciones.

Así, hace unos días empecé, por decimoquinta vez, a mirar desde el primero los capítulos de una típica serie Norteamericana, GG. Trata de lo que muchas en los últimos años, la vida de los ricos, los privilegiados, los adolescentes viviendo el sueño consumista. Y por supuesto, todos los dramas, anomalías familiares y demás hechos desafortunados que se esconden tras esa fachada de perfección.

A su vez, como en muchas otras series y películas toando temas similares, se trata hasta el hartazgo los problemas de la jerarquía social en el colegio secundario. Está el personaje en papel de 'Queen Bee', la mandamás, la que pone las reglas para el resto del alumnado, la que define qué es la popularidad, que está in y que out. A su alrededor, un pequeño séquito que debe cumplir sus reglas para ganar el sentimiento de pertenencia al grupo elite del que desean ser parte. Y todas las demás (hablo mayormente en femenino porque en éstas series, y supongo, también en la vida real, los varones suelen ser mucho menos complicados) son las víctimas. Las que no son suficiente o no tienen suficiente, o simplemente llevan un estilo de vida inaceptable para la dictadora en mando.

Ahora, sin dedicarle demasiado tiempo, podemos deducir fácilmente que algo suena fuera de lugar. Con esto quiero decir, que el grupo que se forma y del que todas quieren ser parte, no podría de manera alguna constar de real amistad. Ese sentimiento es al que menos importancia se le da, puesto que la forma de vestir o los lugares a los que salís podrían descalificarte por completo, mucho más allá de los actos de amistad llevados a cabo. Sí hay una fuerte (aunque inválida) idea de lealtad. Lealtad al grupo, lealtad al cumplimiento de las reglas, lealtad a la enemistad ajena. Digamos, no hacemos nada que el resto del grupo no haga, hacemos todo lo que el grupo disponga, y no somos amigos de los enemigos de los que forman parte del grupo. No hablamos con un flaco que hace doce años salió dos semanas con una de mis amigas, por más que muramos de amor. No le contamos a los padres de X (siendo X un integrante del grupo) que su hija se está drogando o tiene alguna clase de problema realmente jodido, aunque quisiéramos hacerlo por preocupación. No tenemos amigos fuera del grupo, o al menos no les dedicamos un tiempo mayor ni igual que al que le dedicamos al grupo. Y otras pelotudeces de ese estilo. ¿A cambio? Reconocimiento. Respeto. Admiración. Envidia. Poder. Ni más ni menos que lo que el hombre busca.

Uno se creería que exagero, yo o los guionistas de dichas series o largometrajes. Bueno, por supuesto, las reglas no siempre están tan explícitas. Pero les puedo asegurar que esto existe. Lo viví en carne propia, lo sigo viviendo. Y no me quejo de personas en singular, ni de las Queen Bee ni de los séquitos del mundo, sino del hecho social en sí.

Ahora, se entiende que desde que existió el hombre existió la discriminación y las diferencias. Estoy segura que hasta en las etnias más antiguas Hombre 1 con dos rocas se sentía mucho más importante que Hombre 2 con una roca, y que a la vez Hombre 2 envidiaba y deseaba ser como Hombre 1. Se podría entender, entonces, que algo tan propio del ser humano, algo casi instintivo, fuera difícil de borrar. ¿Pero no deberían enseñarnos esa clase de cosas? Y no me refiero al discurso de “Chicos, no hay que discriminar, todos somos iguales” bla bla blá. Me refiero a algo más básico, y que va casi al revés. Enseñarnos a no sentirnos mal con nosotros mismos, a no querer ser como otra persona o poder pertenecer a un grupo por ganar cierto poder. Si queremos estar con otras personas, ¿no sería lógico que el motivo fuera que apreciamos su compañía, que nos hacen sentir bien con nosotros mismos, que los queremos? Porque seamos sinceros, enseñarnos a no ser “malos” con los demás es mucho más difícil de lograr que enseñarnos a ser “buenos” con nosotros mismos.

Pero para no irme tanto de tema, sigo con lo mío. Que ésta clase de cosas se den en el colegio primario, es entendible. Sos chico, y querés ser amiga de la más linda, de la que tiene novio, de la que tiene el TV Teddy (¡Qué vieja estoy!) o casa con pileta o una mamá que la deja quedarse despierta hasta las doce. Y bueno… como cuando sos chico la verdad es que la pasás bien con cualquiera, no es demasiado importante.

Que pase en la secundaria ya me parece un poco más raro. Digamos, a los 16 años ya sabés más o menos con qué clase de gente la pasás bien, quién te resulta interesante y quién no. Y pasar por el sufrimiento de estar con gente que no te bancás o que te hace sufrir o que te obliga a ser de cierta manera, me parece una pelotudés. Ya tendrías que saber que vos sos suficiente y sentirte bien con vos mismo, y no pensar que necesitás ser parte de algo más grande y externo. Pero todavía es mínimamente comprensible, ya que si seguís en el mismo círculo cerrado que tenías a los seis años, es difícil que dés un paso al costado y te pongas a pensar por vos mismo en vez de seguir a la manada (que, aceptémoslo, es siempre mucho más fácil y cómodo).

Ahora, que pase en la facultad, una vez que ya egresaste y conociste ambientes y gente nueva, que ya por fin pasaste por los varios dolores e incomodidades de la pubertad, una vez que te enfrentás sólo al mundo y aprendés así que no necesitas a todas las ovejas marcándote los pasos alrededor para sobrevivir… ¿Cómo puede ser que algunos sigan metidos en su estructura de secundaria? ¿Cómo puede ser no crezcan, no cambien al ritmo en que su propia vida lo hace? ¿Cómo podemos seguir esperando vivir de la misma forma cuando todo lo demás es repentinamente tan diferente? Y en el caso en que vos decidas tratar de seguir viviendo como lo hacías antes, ¿cuál es la necesidad de romperme las pelotas a mí, que siempre hice lo que quise, y mientras fue lo mismo que quisiste vos no te jodió para nada?

A lo que voy, puntualmente, es a que si uno no quiere cambiar, o si simplemente no tiene la necesidad, pues bien por ellos. Si yo siguiera en la secundaria sin ninguna responsabilidad o si mi entorno no hubiera cambiado tanto, seguiría seguramente en la misma, y la pasaría bárbaro. Pero mi vida cambió, y hoy por hoy la paso bárbaro también porque no necesariamente los gustos se mantienen. Como cambian las etapas cambia lo que buscamos, lo que nos hace feliz. Y ahí te das cuenta que las que creías tus amigas inseparables, no pueden ver más allá de esa estupidez de grupo. Te das cuenta de que no te aceptan por lo que sos, sino por lo que hacés o dejás de hacer, y con quién lo hacés o dejás de hacerlo (éstas últimas palabras parecerían tener una connotación sexual pero no fue la intención, aunque tampoco es descabellado si las interpretamos de esa forma).

En consecuencia, no les importa realmente si yo estoy mejor ahora que antes (cosa que creo cierta), si soy más feliz o no. Se enojan por cosas que no tienen sentido, por cosas de chicos. Y en vez de hablarlo claramente hacen esas guerras de ‘Queen Bee’, te desplazan, te dejan de lado, buscan hacerte sentir mal y sola.

Y me quejo, no porque esté enojada ni porque me duela, porque la realidad es que (y no quiero sonar presumida pero es así) I’m over it. Pero me quejo y semi-públicamente porque me gustaría saber si alguien comparte ésta opinión o cree que todo ese liderazgo y jerarquía están bien, son necesarios, tienen un propósito o fin, etc. Me quejo porque no quiero sentir que perdí mi tiempo, mis energías, mi cariño y hasta mi plata por personas que no son capaces de tomarse un minuto para pensar fuera de sus reglas infantiles y creencias colegiales. Me quejo porque me rompe las pelotas que me usen o que me hagan hacer cosas con el simple fin de mandar un silencioso pero claro mensaje: “Estás fuera del grupo”. Que quede claro, nunca me interesó el grupo por grupo en sí sino por las personas que lo conforman, y a falta de individualidad y criterio personal de las mismas, sospecho que con o sin presencia el ‘grupo’ se va a la marchanta. Porque de a poco, una a una, en distintos tiempos y espacios, vamos creciendo y cambiando, y aunque parezca mentira cada vez cuesta más aceptarlo. Cada vez las peleas son más grandes y menos lógicas, cuando lo normal sería que todas se dieran cuenta de a poco que lo interesante no es luchar contra el cambio, sino agarrarlo fuerte para que nos lleve en toda esa marea y no nos deje atrás.

Yo puedo decir hoy que estoy feliz con quien soy, que fui una buena amiga y lo seguiré siendo con aquellas personas que sienta que lo merezcan y de las que reciba lo mismo del otro lado. Y tengo a mi alrededor la gente que quiero tener, ni más ni menos. Esas personas con las que podemos no vernos en muchísimo tiempo y el día que nos vemos pareciera que nunca nos hubiéramos separamos ni por un minuto.

Pero si alguien te exige que cambies o que hagas cosas que no querés como condición de amistad, entonces mejor darle para otro lado porque esa gente es preferible tenerla lejos. Eso, yo creo, no es un amigo.

En fin, mis más sinceras disculpas si aburrí a alguno que distraídamente se vio terminando de leer esta nota de interés nulo. Sé que quizás no debería haberla posteado acá pero escribir es mi cable a tierra, mi extrema sensación de desahogo, y pensar que alguien en algún lugar podría estar leyendo y hasta quizás entendiendo lo que digo me causa un leve alivio. Aunque sea en ésta pelotudez y porque hoy no me da el cerebro para escribir sobre ningún tema profundo ni tengo ganas de pensar en las cosas feas, solo esas incontenibles necesidades que aparecen, cada tanto, de quejarnos..